Verte a diario, vivir junto a ti sin estar a tu lado,
respirar segundo a segundo el mismo aire…
ya por dos largos años… tratando de hacer lo que
las reglas sociales nos dicen que debemos hacer.
Esos años ya se fueron y no volverán… pero no fue
tiempo perdido… ¡NO! de ninguna manera...
fue tiempo de ilusiones mágicas, de sueños sin cumplir,
de promesas agazapadas, de palabras en silencio,
de miradas furtivas transportadas por la electricidad con
que se carga el viento cada vez que nos vemos a los ojos…
esa misma electricidad que me recorre la espalda, me enchina
la piel y me deja indefenso ante ti, vulnerable…
y no te puedo negar nada.
Pero la lucha eterna entre el “deber” y el “ser” no ha terminado…
la esperanza no se ha ido, la fe no ha caído,
mientras tu sonrisa sigue iluminando mis días,
acrecentando mi deseo de estar junto a ti…
solos tú y yo… dos seres imperfectos tratando de
trascender en la distancia y en el tiempo.
Quizá te hayas dado cuenta de la repentina luz
en mi mirada al tocar tu piel candente con cualquier
pretexto…
pero no estoy seguro de que puedas describir el torrente
de sentimientos encontrados que provocas en
mi alma sólo con tocar tus manos…
esa maliciosa reacción en lugares de mi cuerpo
de los cuales no puedo hablarte todavía.
Pero seguro que si te das perfecta cuenta de la
felicidad que emana mi ser cuando estás junto a mí.
Y me gustaría que te preguntaras a ti misma:
¿Acaso son normales todas esas reacciones involuntarias?
Y tu respuesta tiene que ser que no, que me sucede
algo único, algo superior a mí... superior a mi voluntad…
una transformación secreta y prohibida,
una pasión mundana, terrenal y primitiva,
una ilusión deliciosa que me da motivos para vivir
y deseos de disfrutar y seguir sonriendo…
una ilusión con nombre de mujer: NANCY.
